domingo, 4 de junio de 2017

Antecedentes (Quiso ser vampiro)

Un latido débil, otro más, parecía que su corazón se detendría en cualquier momento, su cuerpo yacía sobre los brazos de aquel extraño hombre, no le conocía, pero sabía que su rostro quedaría grabado en su mente hasta exhalar el último suspiro de vida. A pesar del fuerte mareo logró mantener sus ojos semi abiertos, aunque su vista se nublaba a cada instante más y más, la opresión en su pecho era peor que fuertes golpes que le robaban el aire, pero se encontraba tan frágil que no podía moverse ni un poco, su cuerpo no le obedecía de ninguna forma.

¿Cómo había sucedido esto?

El día estaba por terminarse cuando decidió salir a dar un corto paseo cercas de su hogar, en el transcurso de su camino sacó un cigarrillo de su chaqueta para pronto llevarlo a sus labios, encenderlo y comenzar a fumar tranquilamente, mientras seguía su andar. Mil pensamientos le vinieron en aquel momento, ¿Por qué esta aquí? ¿Hacia dónde iría de ahora en adelante? Su situación jamás le pareció tan confusa, su propia existencia lo era. Lo único que de verdad quería era verle una vez más, pasara lo que pasara sólo quería tenerlo frente a sus ojos, era su única meta.

Estuvo tan distraído de sus acciones por prestar mayor atención a sus pensamientos, que no notó cuando es que se había alejado demasiado de su hogar; miró al cielo por unos cuantos segundos ya era demasiado tarde, la iluminación artificial era el único medio que le permitía ver. Comenzó a devolver sus pasos, no estaba muy seguro de su paradero ya que se encontraba un poco desconcertado, pero no dudaba en que pronto daría con algo conocido.

En su trayecto pasó frente a un callejón del cual procedía un aura extraña, no sabría cómo describirlo fielmente, pero al estar tan cercas se sentía fuertemente atraído como el imán lo hace con algunos metales, antes de acercarse más miró intentando encontrar algo que estuviese fuera de lo común, pero la luz de los faros no alcanzaba de buena forma aquel espacio.

El viento sopló trayendo consigo un dulce y suave aroma proveniente de aquel lugar, amaba todo aquello que fuera dulce, era una de sus grandes debilidades así que sin pensárselo de nuevo caminó hasta el callejón. Fue grande su sorpresa el ver a un chico hasta el final de aquel corredor sin salida, en su mente pensó en hacer una pequeña reverencia, disculpase y finalmente marcharse, pero su cuerpo actuó con mente propia y siguió caminando hasta que estuvo frente a frente del otro.

No pudo dejar de mirarle directo a los ojos en todo momento, era como mirar profundas lagunas, profundidades en las que se guardaban celosamente secretos inalcanzables. En una rápida mirada recorrió por completo el cuerpo ajeno, tenía que ser honesto consigo mismo, no era tipo de hombre que le atraía irremediablemente, pero ¿Por qué no podía evitar mirarle? ¿Por qué su cuerpo no le obedecía? No lo sabía.

Parecía como si nada más estuviese a su alrededor, sólo quería seguir mirando aquellos ojos, eran hipnotizantes, por un momento pensó que si seguía mirando en ellos encontraría a el hombre que tanto había amado, debía estar ahí. Se perdió en ellos a tal manera que no notó la cercanía del otro hasta que este posó su mano en su mejilla derecha.

El frío tacto de aquella mano le devolvió un poco al momento, a pesar de su primer estremecimiento ante aquel suave roce no sentía algún tipo de rechazo a su toque, es más se quedó quieto esperando las acciones del hombre que era sólo un poco más bajo que él.

Sin saber exactamente porque lo hizo, inclinó su cabeza a la izquierda dejando descubierto su cuello, aún ahora encontró difícil apartar su vista de aquellos ojos. Se estremeció por completo al sentir el aliento del otro sobre su piel, un casi inaudible gemido salió de sus labios, el propio ritmo de su corazón y respiración aumento, cualquier cosa que el otro iba a hacerle, quería con desespero que lo hiciese ya.

Había cerrado los ojos, pero fue consciente del justo momento en que los colmillos del otro rompieron la delgada capa que era su piel, la placentera sensación que le provocó cuando estos penetraron por completo en su cuello era indescriptible. De momento sus piernas flaquearon, tuvo que sostenerse de los hombros ajenos para no caer; sabía que estaba succionando su sangre  y aunque por dentro estuviera muriendo de miedo no deseaba por nada del mundo que parara de hacerlo. En toda su vida no conoció placer que se le igualara a este, era un ardor y estremecimiento que no sólo recorría su cuello, sino su cuerpo por completo.

Mordió su labio inferior intentando reprimir un par de quejidos por el placer y dolor que comenzaba a formarse en su pecho, cada segundo que pasaba su respiración se dificultaba, y los golpes sobre su pecho se hacían más y más constantes robándole la energía y vitalidad. Sus ojos se abrieron débilmente para ese entonces su vista comenzaba a nublarse, los objetos se multiplicaban y se volvían uno de nuevo constantemente. Poco a poco su cuerpo perdía fuerza se desvanecía, el airé le faltaba cada vez más, era como si sus pulmones se contrajeran a tal punto de no permitir la entrada de aquel vital elemento que tanto necesitaba.

Un escalofriante frío le recorrió desde la punta de los dedos de los pies hasta la última célula de su cuerpo, el cual estaba adormecido, pronto no tuvo la fuerza suficiente para seguir sosteniéndose del otro, sus brazos cayeron a sus costados. Comenzó a tener sueño, conforme el ritmo de su corazón se disminuía el sueño le reclamaba con mayor fuerza. Pero sabía que si dormía jamás volvería a despertar y aún no estaba listo para el sueño eterno, tenía que verlo, una vez más… sólo… una… vez…

En un esfuerzo extraordinario levantó su mano derecha, con esta intentó tirar de la ropa del otro para detenerle, pero sólo consigo agarrarse de la tela de esta y aunque intentó tirar de ella su fuerza le había abandonado por completo.

-              Dete… Detente… - fue un débil susurró, pero había sido alcanzado por el otro – No debo… morir… no ahora –

A pesar de sus palabras aquel continuó succionando su sangre, no quiso cerrar por completo los ojos, el momento en que lo hiciera sería su fin, el no quería llegar al final, se aferraría a su últimos segundos de vida lo más que pudiera. Tenía que verlo de nuevo, se repetía insistentemente en su mente.

No podía abandonar el mundo, no sin ver sus hermosos ojos de nuevo, su dulce y cálida sonrisa, sentir su suave y amoroso tacto sobre su rostro. Pudo recordar el doloroso momento en que su dulce amor había partido, aquel hermoso beso que había dejado sobre sus labios justo antes de partir. Como se alejaba hasta que su silueta desapareció entre los árboles. El recuerdo de cada una de sus lágrimas, de los años de soledad, la ausencia de sus padres ¿Su madre estaría orgullosa de él? Ese par de cosas nunca las sabría y eso le dolía, pero hace años que lo había asimilado, pero no volver a verle a él, era algo que se negaba a asimilar.

De un momento a otro su cuerpo yacía sobre el suelo y el desconocido estaba a su lado mirándole fijamente, él mismo ya no tenía ninguna fuerza, sus ojos se mantenían semi abiertos, sólo por aquella aferrada esperanza. Podían encajarle una navaja en el pecho en ese instante y no sentiría nada, era como si su alma le hubiese abandonado, era sólo un cuerpo inerte sobre un solitario callejón.

-              Entonces… ¿Quieres aferrarte a tu existencia? –

Su atención se centró de inmediato en el dueño de aquellas palabras, no podía creer que aún su voz poseyera ese dulce hipnotizante, ante esa pregunta sus fuerzas sólo le dieron para asentir con debilidad. El hombre no dijo más cuando rasgo con sus colmillos las venas de su muñeca derecha, y la acercó hasta sus labios. Dudo un poco antes de atreverse a acercarse más, pero cuando la primera gota de sangre hizo contacto con su lengua las dudas se disiparon. ¿Cómo diablos podía la sangre saber tan dulce? Era lo más delicioso que había probado, comenzó a succionar la sangre como si de un dulce se tratase, cada gota llenaba el vacio de su cuerpo.

Pudo sentir como la sangre del otro recorría sus venas una a una, nutriéndolas de una sensación maravillosa, infinitamente maravillosa, ahora sabía que no moriría ¿A qué costo? Esa era la pregunta. La respuesta a aquella pregunta era lo que menos parecía importarle, una vez recuperado un poco de fuerzas tomó suavemente la muñeca contraria acercándola más a sus labios, bebiendo la mayor cantidad de sangre posible, si ese fuera su alimento diario jamás se cansaría de este.

De un momento el otro apartó su muñeca, y él de sus labios dejó salir un quejido reclamando, pero su cuerpo estaba demasiado extraño que no supo como levantarse, una fuerza superior le retuvo sobre el suelo. La sangre recorriendo sus venas no sólo era deliciosa y placentera, sino que ardía y quemaba de una manera que nunca antes había sabido que la sangre pudiera hacerlo.



Aquel ardor leve que le comenzó a provocar el recorrido de la  sangre ajena, cada vez era más intenso, era como si aquel liquido se encendiera dentro de sus venas y las quemara hasta volverlas ceniza. No pudo evitar soltar varios quejidos de dolor, su piel recibía toques como si fueran constantes picaduras de abeja, uno tras otro sin descanso.

De nuevo le volvían aquellos terribles golpes contra su pecho, principalmente sobre su corazón al tiempo que sus pulmones se contraían de nueva cuenta al ritmo de los ataques contra su corazón.

¿Se había adelantado al pensar que no moriría? Alcanzó a formular en su cansada y constantemente bombardeada mente, ya que un intenso dolor se había formado en su nuca y de a poco fue subiendo apoderándose de toda su cabeza.

La mezcla de tantos embates contra su cuerpo le hacía retorcerse irremediablemente sobre aquella superficie. Los movimientos de su dolorido cuerpo pronto se convirtieron en convulsiones, con el pasar de los segundos los achaques contra cada parte de su ser se sumaban.

En un comienzo, fueron sólo sus venas, luego su pecho, pulmones, cabeza, le siguió su estomago y cada órgano vital, cada célula hasta que parecía que una a una iban muriendo en un lento y doloroso proceso. Esto era mucho más tortuoso que la muerte que le había comenzado a reclamar en un principio. Después de que las convulsiones pararan intentó adoptar la postura que los fetos guardaban en el vientre de sus madres, pero apenas podía tocar su estomago y recoger levemente sus piernas.

Los jadeos dolorosos no paraban de salir entre sus labios, al igual que varias lágrimas descendían de sus ya bastante pálidas mejillas. Era preferible una muerte rápida y sin rastros de dolor, muchas personas soñaban con dormir y no volver a despertar, pero al parecer él no tenía derecho ahora a esa opción, antes de morir sufría peor de lo que en vida.

Por un momento pensó que era la última lección que recibiría, que incluso en el mundo había dolores más fuertes y asfixiantes que los que había padecido por la muerte de sus padres y la partida de su amor. Eso debía ser, aquel hombre le estaba mostrando lo que era en verdad sufrir. Pero pronto pensó que en tal estado ya se encontraba desvariando, seguramente era eso. Su cuerpo se hallaba ya bañado de sudor, parecía tener fiebre, su piel entera ardía.

Hace rato sus ojos se habían mantenido cerrados, pero les abrió por un instante intentando buscar al otro, no sabía si este había partido o continuaba a su lado y no lo supo puesto que no pudo mantenerlo abiertos  por más de un par de segundos. El dolor y terribles punzadas habían alcanzado ahora su propia vista.  Irremediablemente moriría, después de todo eso ¿Quién sería capaz de sobrevivir? Pero aún en aquella situación anhelaba vivir, con cada parte de su dolorido y a punto de expirar ser deseaba continuar su búsqueda.

Fue en sólo segundo en que todos y cada uno de sus órganos internos se contrajeron tan violentamente que un grito profundo se le escapó, incluso sus huesos tronaron como se hicieran añicos.

¿Era el final? Sí lo era, sus manos se dirigieron a su pecho casi inconscientemente, buscaron hasta hallar el dije que hace años colgaba de su cuello. El hombre que había amado se lo entregó cuando cumplió veinte años, le dijo que ambos (tanto el dije como él) eran lo más especial en su vida, significaban lo mismo ahora para él, el hombre desaparecido y ese dije significaban todo. Apretó con sus débiles manos aquel artefacto, mientras podía sentir como su corazón se detenía más y más, hasta que sus latidos se volvieron erráticos.

Abrió los ojos por última vez, antes de que su cuerpo colapsara por completo, esta vez no pudo resistirse más a ese reclamante sueño que le llevaría a su muerte. Una imagen distorsionada era lo último que sus ojos habrían visto.

Tuvo un sueño, no encontraba las palabras precisas para describirlo, puesto que todo en el era confuso, pero extrañamente le consideraba hermoso, cálido, todo a su alrededor le hacía sentir cómodo, como si cada pieza estuviese colocada en su justo lugar. Era un mecanismo que funcionaba a la perfección, y a diferencia de otras cosas en esta vida, ese sueño era hermoso porque era perfecto y viceversa, se encontraba tranquilo en ese momento, tanto como nunca antes lo estuvo.

Su alma habían alcanzado tan excelso nivel de paz que se dejó caer con suavidad en medio de aquel lugar, cerró sus ojos y pronto Morfeo le acurrucó entre sus brazos. Entonces despertó…

Sus parpados se levantaron lentamente, para su sorpresa su visión había mejorado, ya no le ardían los ojos, ni veía distorsionadas imágenes de los objetos que le rodeaban. Más que simplemente mejorar su visión se había tornado en algo distinto, podía ser capaz de notar a detalle cada objeto que miraba con sólo darle una rápida mirada. Fue hasta que se reincorporó sentándose sobre el suelo que notó que no había muerto, o al menos eso era lo que parecía.

Tocó su pecho, piernas, brazos y cabeza, como si intentara comprobar que todo estaba en su lugar, y todo lo estaba. Pero se encontraba completamente extraño, no sólo era su visón, sino también su tacto, como si tal sólo con el roce de sus dedos pudiera descifrar los ocultos secretos entre las hebras de su ropa, la textura suave o áspera de aquello que tocaba. De un momento a otro le asaltó el dulce olor de mermelada de fresa casera recién preparada, asomó su cabeza un poco fuera de aquel corredor miró la casa más cercana, era imposible que antes hubiese percibido aquel aroma que ahora con seguridad sabia que provenía de ese lugar.

Estaba un poco confundido, pero creía saber que había sucedido, aunque no exactamente ¿Por qué? Volvió a sentarse, esta vez recargando su espalda contra uno de los muros de aquel sitio, recogió sus piernas contra su pecho y se perdió de nuevo en sus pensamientos al tiempo que cada célula de su cuerpo le hacía notar su nueva vida, fuerza y vitalidad. Cada centímetro de si mismo se sentía extrañamente renovado con una fuerza indescriptible.


Sólo algo tenía por seguro, aún podría buscarlo y si ese hombre seguía vivo aún podría verlo y decirle cuanto le había amado, una suave sonrisa se formó en sus labios, mientras dejada reposar su cabeza sobre sus rodillas.


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